Valacirca

Valacirca (en quenya ‘la hoz de los valar’) es el nombre que el escritor británico J. R. R. Tolkien asignó a la constelación que podría ser la equivalente a la Osa Mayor, más concretamente a las siete estrellas (Dubhe, Merak, Phecda, Megrez, Alioth, Mizar y Benetnasch) que forman su asterismo llamado «Gran Carro»,​ en su cosmogonía ficcional.

En distintas historias, compuestas a lo largo del tiempo, Tolkien da a la constelación equivalente a la Osa Mayor los nombres o apelativos de:

Valacirca: en quenya ‘la hoz de los valar’

Balcercor: equivalente a Valacirca en gnómico

Ostelen (en quenya), o su equivalente Edegil (en sindarin), equivalentes a los anteriores, ‘las siete grandes estrellas’

Timbridhil: un título de la misma Varda que la creó La Corona de Durin para los enanos

La Osa de Plata​ o el Carro de Plata

La Pipa Ardiente en «La balada de Leithian»​ o simplemente, la Carreta o el Carro, para los hobbits y los hombres del Norte, o la Hoz (Sickle en el original) también para los hobbits.​

El Silmarillion narra como Valacirca fue puesta en el firmamento por Varda cuando recolocó las estrellas para preparar el despertar de los elfos. Varda puso a girar Valacirca en el Norte, punto cardinal hacia donde estaba refugiado Melkor en Utumno, como reto a Melkor y señal de su inevitable caída,​ pues Valacirca giraba alrededor del polo y nunca se ponía en el horizonte:

Sin embargo, en una historia más antigua titulada «La llegada de los elfos y la construcción de Kôr», escrita antes incluso que El hobbit e incluida en la recopilación póstuma titulada El libro de los cuentos perdidos, se narra un relato más elaborado de la creación de Valacirca. En él, Balcercor era una hoz de plata que Aulë estaba forjando, pero que partió enojado por una mentira de Melkor contra la señora Palúrien. Las chispas que saltaron fueron empleadas por Varda para formar una hoz que gira alrededor del Polo Norte:

Tolkien hace una bella referencia a Valacirca en su poema aún anterior (compuesto hacia 1915) titulado «Kortirion entre los árboles» («Kortirion among the trees»), en el que se refiere a esa constelación como «Osa de Plata», haciendo una curiosa mezcla entre su nombre en el mundo real y el creado por él para el mundo secundario. En una versión posterior de ese mismo poema, con el título «Los árboles de Kortirion» («The trees of Kortirion»), Tolkien cambió el nombre de la constelación por el equivalente «Carro de Plata», también mezclando un nombre del mundo real y su leyenda del secundario:

En El hobbit la constelación aparece por su nombre hobbit: el Carro o la Carreta (Wain en el inglés original): «Solo por el mapa supo Bilbo que allá arriba, donde las estrellas del Carro ya titilaban, el río Rápido descendía desde el valle desembocando en el lago».​ La elección de la palabra «Wain» por Tolkien ha de obedecer al nombre real en inglés medieval del asterismo, que era Charles’ Wain, en referencia a Carlomagno. Ese personaje histórico no procedía en las leyendas de la Tierra Media, pero la forma de carro o carreta es obvia y podría haber sido un nombre natural entre los rústicos hobbits. En El Señor de los Anillos no se nombra a Valacirca, pero se pueden encontrar varias referencias a la constelación. La más directa se encuentra en el momento en que Gimli se asoma al lago Kheled-zâram y puede ver el reflejo de las siete estrellas, a las que se refiere como la «corona de Durin».​ Según las leyendas enanas creadas por Tolkien, las siete estrellas fueron vistas por primera vez por Durin el Inmortal reflejadas alrededor de su cabeza en el Kheled-zâram, a modo de corona. Ese reflejo se mantuvo en el lago y por ello Durin tomó la Corona como uno de los blasones de su casa.12​ El escudo completo aparece descrito e incluso dibujado por el propio Tolkien en el capítulo «Un viaje en la oscuridad», como parte de los grabados en la piedra de la puerta oeste de Moria.13​ Consisten en un martillo y un yunque surmontados por una corona rodeada de las siete estrellas de la constelación de Valacirca.


Escribir sin errores de ortografía, sin morir en el intento.

Jugar al Juego Cósmico de la ortografía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *