Primera lectura: Generalidades cosmogónicas

          El conocimiento de una cosmogonía y más de una nos da la libertad de entender por qué somos como somos y por qué nuestra sociedad es como es. Los relatos cosmogónicos y las corriente teológicas o teosóficas surgidas a partir de ella, nos dan una vara con la cual expresarnos y medir lo moralmente aceptable de lo no aceptable. 

          Si llegamos a aprender cómo esos relatos nos afectan, podremos entendernos un poco más.  Te invitamos a bucear en este mundo que forma parte del ser humano desde su nacimiento.

Conceptualización

        Cosmogonía (del griego κοσμογονία, kosmogonía o κοσμογενία, kosmogenía, derivado de κόσμος, kosmos ‘mundo’ y la raíz γί(γ)νομαι, (gígnomai) / γέγονα, (gégona), ‘nacer’) es una narración mítica que pretende dar respuesta al origen del Universo y de la propia humanidad.
        Generalmente, en ella se nos remonta a un momento de preexistencia o de caos originario, cuando el mundo no estaba formado, pues los elementos que habían de constituirlo se hallaban en desorden; en este sentido, el relato mítico cosmogónico presenta el agrupamiento —paulatino o repentino— de estos elementos, en un lenguaje altamente simbólico, con la participación de elementos divinos que pueden poseer o no atributos antropomorfos.
      La cosmogonía pretende establecer una realidad, ayudando a construir activamente la percepción del universo (espacio) y del origen de dioses, la humanidad y elementos naturales. A su vez, permite apreciar la necesidad del ser humano de concebir un orden físico y metafísico que permita conjurar el caos y la incertidumbre.

Consideraciones

       Desde la antigüedad, los mitos han sido relatos compuestos por acciones simbólicas que se transmitieron por generaciones para ofrecer respuestas sobre el origen del universo y del hombre, relacionándolos con dioses y mensajeros que actuaban en nombre de estos.
       Los mitos ofrecieron a las distintas culturas una visión integradora del mundo, al facilitar su percepción de los fenómenos que le parecían extraños, crearon una creencia colectiva que dio origen a los relatos que los acompañaron y proporcionaron la seguridad psicológica para la construcción de una identidad para la vida en comunidad.
         En los mitos, algunos investigadores han señalado que los dioses suelen representar las fuerzas elementales de la naturaleza que se pueden percibir de los cuales se derivan los fenómenos naturales que condicionaron sus vidas. Sin embargo, este postulado simplista y etnocéntrico ha ido quedando progresivamente superado para dar cuenta del mito como un especial espacio simbólico a partir del cual el ser humano puede atribuir significados (conscientes e inconscientes) a deidades, héroes y acciones míticas en estrecha relación con la vida psíquica, intersubjetiva, social y cultural.
Esto quiere decir que un determinado mito puede tener relación con el proceso de madurez interno de determinada persona, pero también puede servir para generar cohesión social en una comunidad, o para legitimar determinadas estructuras de poder; no existe una explicación unívoca.

Resolvé los anagramas

Cosmogonía judeo-cristiana

          En la cosmogonía judeocristiana, el origen del mundo está presente en el Génesis (el primer libro de la Biblia), que relata cómo Jashem (Yavé, Jehová, Dios) empezó a crear el mundo «en un principio». La teología cristiana utiliza el término ex nihilo para sustentar y referirse a la creación universal partiendo de la nada. Génesis 1 Reina-Valera 1960 (RVR1960) -La creación:

“1. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.”

          La creación es un proceso que tiene lugar con un principio: ‘Hágase la luz’, y luego separación de: la tierra de los cielos, la tierra de las aguas, la luz de la oscuridad. Es decir, se procede por separación de componentes partiendo del caos primigenio.
        “La creación entera gime con gemidos inefables bajo uno que la sometió contra su voluntad’“ Sólo en ocasiones se ha señalado que la creación yahvista no está articulada en torno a la separación de categorías. Otros lo interpretan como el mal estaría asociado con la falta de forma, con desaparición del límite. El mal desde esta óptica afecta a la unidad del cosmos. La idea del mal estará, consecuentemente, asociada con lo que cruce, con lo que rompe o se opone al límite de dichas categorías.
          Otras de las particularidades que expresa este relato, es la sugerencia de dos creaciones y la presencia de varios dioses que participan en la creación.
La creencia Judía sostiene que Jashem (Jehováh), no podría crear nada inútil y sin forma, basados en la expresión hebrea: “llegó a estar”, dando a entender que había estado ordenada, pero algo la desordenó:

“(…) algunos prefieren traducir ‘’al comienzo’’. El texto se va ocupar de describir el estado de la ‘’tierra’’, tanto los cielos como la tierra fueron creados ‘’en el principio’’, normalmente seguido del verso 1 la formula del texto tendría que decir ’’y fue la tierra’’ , 5 sin embargo el texto hebreo NO sigue esta fórmula y deja entre ver que la tierra por algún motivo, alguna causa, ‘’se volvió’’ o ‘’llego a estar ‘’tóhu-bóhu’’ traducido comúnmente como ‘’desordenada y vacía’’. La palabra “estaba” es “haitáh” en el hebreo y se traduce mejor como llego a estar, se volvió”.

          En el libro de Enoc, que no se conserva en las versiones canónicas de la Biblia, aparecen referencias a formas de vida anteriores a la creación de Adán. Aún así, en el libro canónico Bereshit/Génesis 6:4 se puede leer:

          “Había gigantes (Nefilim) en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.

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Cosmogonía babilónica

          Entre las cosmogonías de la antigua Mesopotamia, se conserva el poema babilónico Enuma Elish (“desde lo alto”, “cuando arriba”) es una de las más grandes creaciones literarias de la cultura mesopotámica que fue fue copiada y estudiada dos milenios antes de la era cristiana. Se la considera una obra clásica de poesía religiosa científica y críptica.
             El poema está compuesto por siente tablillas y se estima que en su origen lo componían unos cien mil versos de los cuales se han recuperado 1059. Su antecedente sin duda, se halla en la tradición sumeria cuya compleja teogonía fue modelada por los semitas babilonios de acuerdo a peculiaridades religiosas y políticas.
              La figura central del poema es Marduk, a quien, entre otras cosas, se le atribuye la creación del mundo y del hombre.
El poema se inicia con la existencia de la pareja divina primordial, Apsu y Tiamat, de la que nacerán otras parejas divinas. Todo ello en un tiempo en el que el mundo como tal no existía. Se describen también las luchas entre los dioses jóvenes contra Timat y el nacimiento de Marduk que más tarde será llevado al trono como rey de todos los dioses. Posteriormente, creó el Sol, la Luna y las estrellas, que colocó en el cielo.
            Así, para los babilonios, el mundo era una especie de bolsa llena de aire, cuyo piso era la Tierra y el techo la bóveda celeste. Arriba y abajo se encontraban las aguas primordiales, que a veces se filtraban, produciendo la lluvia y los ríos.
Este es el mito de los orígenes del mundo, tal como lo imaginaron los babilonios y los asirios. Fácilmente se puede ver que puede dividirse en tres partes: el nacimiento de los dioses de la noche y el desorden; la lucha entre ellos para obtener la supremacía y para hacer triunfar la luz sobre las tinieblas; y finalmente, la creación del universo, de las formas naturales y del hombre.
            En casi todos los mitos sobre los orígenes del mundo que surgieron, muchos y diversos, entre los pueblos antiguos, se pueden distinguir esas mismas tres partes, y en casi todos, la batalla entre los dioses viene a significar la lucha de la luz contra las tinieblas, el inmenso esfuerzo llevado a cabo por la vida para salir de la oscuridad del caos, tomar forma en plantas, en animales, en criaturas humanas, y respirar bajo los rayos del Sol.

Poné orden en el caos

Cosmogonía del pueblo Quiché en América

          Los pueblos del continente americano no se encontraban al tiempo de la conquista en el estado de atraso que generalmente se cree. En lo material habían alcanzado un notable grado de adelanto a pesar de su aislamiento del resto del mundo, como lo demuestran las obras de arquitectura, los caminos incas y de azteca; la organización social y política y las conquistas en el orden intelectual. Los mayas, especialmente, poseían conocimientos exactos de los movimientos de los astros, un calendario perfecto y una sorprendente aptitud para los trabajos literarios y artísticos.
           Las guerras de la conquista fueron sumamente destructoras. La opulenta Ciudad de México o Tenochtitlan fue arrasada por los vencedores. La capital de los quichés de Guatemala, llamada Ttatlán pereció entre las llamas junto con sus Reyes y sus habitantes fueron reducidos a la esclavitud. No corrieron mejor suerte los documentos pertenecientes a la cultura de los originarios que fueron destruidos por los primeros misioneros cristianos, para obligarlos a abandonar sus viejas creencias religiosas. Y, sin embargo, esos mismos misioneros, pasado el ardor de la persecución religiosa, se vieron deseosos de recoger la tradición indígena y las noticias de sus artes y costumbres. Estas se pueden leer en la obra de Las Casas, Torquemada, y otros escritores.
           A principios del siglo XVIII, el padre Fray Francisco Ximénez de la orden de Santo Domingo, que había llegado a Guatemala desde España en 1688, logró que los indios quichés que él lideraba religiosamente le dieran a conocer un libro escrito pocos años después de la conquista española. Este libro estaba escrito en lengua quiché, pero con caracteres castellanos. El padre Ximénez se interesó vivamente en el hallazgo. Como conocía el idioma de ese pueblo, pudo enterarse del gran valor del manuscrito que había llegado a sus manos.
                El padre Ximénez transcribió el manuscrito en su lengua original e insertó una traducción en castellano. Se Ignora el nombre de su autor, pero la crítica asegura que la primera traducción de ese manuscrito fue la del padre Jiménez
El manuscrito llegó a Europa. Brasseur de Bourbourg dio al documento indígena el nombre de Popol Vuh que conserva hasta ahora; y, aunque por ello ha sido criticado por varios comentaristas, el hecho es que el autor de esta narración se propuso evidentemente reproducir el libro antiguo que ya no se veía en su tiempo y que era conocido con el nombre Popol Vuh.
         En Popol vuh pueden distinguirse tres partes. La primera es una descripción de la creación y del origen del ser humano que, después de varios ensayos infructuosos, fue hecho de maíz, el grano que constituye la base de la alimentación de los naturales de México y Centroamérica. En la segunda parte se refieren las aventuras de los jóvenes semidioses Unahpu Ixbalanqué y de sus padres sacrificados por los genios del mal en su reino sombrío de Xibalbáy; y en el curso de varios episodios llenos de interés, se obtiene una lección de moral sobre el castigo de los malvados. La tercera parte encierra un caudal de noticias referidos a los orígenes de los pueblos y al desarrollo histórico de su cultura, poco antes de la llegada de los españoles.
          Los elementos que se observan en este relato referidos a la existencia del caos primordial y el inicio de la creación están basados en el consenso entre más de un dios creador. El desarrollo temático referido a la creación es diferente de otros textos, porque no se enumeran ordenadamente los elementos de la creación por grupos o género ni que debió haber existido primero o que debió haber existido después en una relación lógica. El texto destaca el consenso entre los dioses creadores enseña sus nombres y sobrenombres, y muestra evidencia de que la creación procedió a través de la palabra y en armonía .
           En el texto pueden encontrarse algunas interpolaciones relacionadas con el cristianismo: es frecuente encontrar la palabra “Dios”. En el contexto de este relato cosmogónico es inconfundible esta palabra como agregado posterior, pues esta es importante dentro del cristianismo, y hace referencia a un Dios único. La presencia de esta palabra constituye una ruptura de la isotopía referida a las divinidades creadoras.
            Uno de los puntos más importantes que presenta este texto, con respecto a otras cosmogonías está en el concepto de “transgresión de la criatura”. Muchos de los relatos cosmogónicos expresan que después de la creación del ser humano hubo una prohibición de parte de la divinidad que la creación transgredió y, por ello, recibió un castigo. En este texto se evidencia que la humanidad creada en el cuarto intento alcanzó o llegó a ser lo que sus creadores esperaban. Pero esto causó gran temor en ellos, de modo que disminuyeron sus atributos de conocimiento como castigo por ser casi igual a sus creadores.
          Otra de las cuestiones a considerar es que el varón y la mujer como los primeros humanos creados a partir del maíz, fueron creados en pares y no existe la idea de que uno proviene del otro. Son presentados en igualdad plena de condiciones. 

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El pensamiento científico y la cosmogonía contemporánea

               Las teorías científicas proporcionan actualmente al imaginario popular los elementos para la descripción del origen del universo y lo que hay en él; orígenes que anteriormente eran explicados sólo a través de la cosmogonía presente en las diferentes religiones. Así, actualmente las las ciencias describen la evolución del universo, particularmente a través de la teoría del Big Bang; y el origen y la evolución de la vida, a través de la teoría de la síntesis evolutiva moderna.
          El pensador Teilhard de Chardin propone una reconciliación entre el punto de vista científico y el de la religión cristiana, interpretando la génesis como una transformación organizada de la materia a través del tiempo, desde niveles simples como los átomos hasta niveles mucho más complejos, como la especie humana. Sin embargo, no considera al hombre como la culminación de la evolución sino como un paso intermedio hacia lo que denomina el Punto Omega de unidad final con Dios preexistente. Aunque las ideas de Teilhard de Chardin fueron rechazadas inicialmente por parte de la doctrina católica, el papa Benedicto XVI ha admitido que el jesuita francés fue un gran visionario a este respecto
          Dentro del ámbito de las ciencias naturales, Richard Dawkins, en su texto El gen egoísta (1976), narra la descripción científica del origen de la vida como el momento en el cual aparece sobre la Tierra una molécula, formada accidentalmente, que tenía la propiedad de crear copias de sí misma (un protobionte). Luego, a partir del ancestro común universal, Dawkins explicará el desarrollo de la vida (evolución biológica), describiendo las diversas ramificaciones en especies en lo que él denominó «errores en la replicación». Más allá de las pretensiones evolucionistas del discurso dawkinsiano, la idea de una molécula que se forma por accidente en un punto impreciso y que a partir de la misma se origina la cadena vital, tiene muchas resonancias con el mito demiúrgico. El demiurgo agrupa el material disperso en forma molecular, de donde se originan todas las formas vitales sobre la faz de la Tierra, pero el demiurgo no está sujeto a su propia creación, por lo que resulta lo que señala Dawkins, que no todo está determinado por nuestros genes.

Entrevista con Franco Badilla, pastor Mesiánico

          Las cosmogonías son textos que setean, formatean o programan el carácter de nuestra sociedad y cultura. En esta entrevista, debatiremos sobre algunas cuestiones de identidad cultural cuyo punto central es la cosmogonía. Cuando esos relatos son separados del componente de la fe o la religión, la mente se abre y se expande a nuevas consideraciones. 

                 En esta ocasión, compararemos tres cosmogonías; Génesis 1 -3, Enuma Elish y Popol Vuh.

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Organización del texto expositivo

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