Gea

GEA: sea es la Tierra, concebida como el elemento primordial del que surgieron las razas divinas. El rol que desempeña en la Teogonía de Esíodo es grande, pero nulo en los poemas de Homero.
Según Hesíodo, Gea nació en segundo lugar, después de Caos e inmediatamente antes de Eros, el Amor. Sin intervención de ningún elemento masculino engendró al Cielo, Urano, que las recubre, y las montañas, así como el Ponto, personificación masculina del elemento marino. Después del nacimiento del cielo, se unió a él; por eso sus hijos no fueron ya simples potencias elementales sino dioses propiamente dichos. Primero, hubo seis titanes: Océano, Ceo, Crío, Hyperión, Jápeto y Crono; y las seis titánides: Tía, Rea, Temis, Mnemosyne, Febe y Tetis, que son divinidades femeninas. Crono es el más joven de esta estirpe.
Vinieron luego los cíclopes Arges, Estéropez y Brontes, divinidades relacionadas con el rayo, los relámpagos y el trueno. Finalmente, de los amores de Urano nacieron los hecatonquiros, seres de cien brazos, gigantescos y violentos, llamados Coto, Briareo coma y Giges.
Urano odiaba a todos estos vástagos suyos y no les permitía ver la luz obligándolos a vivir hundidos en las profundidades de su madre la tierra. Finalmente, esta resolvió liberar a sus hijos y les pidió que la vengasen de Urano; pero ninguno accedió excepto el más joven, Crono, impulsado por el odio que sentía hacia su padre. Entonces ella le entregó una hoz de cero muy afilada. Al llegar la noche, Urano se acercó a Gea y la envolvió por todas partes. En ese momento, Crono, cortó de un solo golpe los testículos de su padre y los arrojó detrás del coma. La sangre de la herida cayó sobre la tierra y la fecundó nuevamente. Así nacieron las Erinia, los gigantes y las ninfas de los fresnos y en general, las divinidades coexistentes con los árboles.
Después de la mutilación de Urano, Gea se unió con el otro de los hijos que había tenido primitivamente. Se unió a Ponto y con el engendró cinco divinidades marinas: Nereo, Taumante, Forcis, Seto y Euribia.
Crono reinaba en el mundo, y no tardó mucho en manifestarse como un tirano tan brutal como su padre. También encerró a sus hermanos los hijos de Gea, en el tártaro, por lo cual la Tierra tramó una segunda revolución. Los hijos de Rea habían sido devorados uno tras otro por Crono. Cuando quedó encinta por obra de Crono, fue a consultar a Gea y Urano para pedirles algún remedio de salvar al niño al que iba a dar a luz. Entonces, Gea y Urano le revelaron el secreto de los destinos y le enseñaron la manera de burlar a Crono. De este modo, Zeus pudo crecer y escapar a la voracidad de su padre. A tal fin lo habían escondido al nacer y lo habían ocultado en una profunda caverna. A Crono se le dio, en lugar del niño, una piedra envuelta en pañales a que la devoró posteriormente, Cuando Zeus enfrentó en lucha abierta con Crono, Gea le reveló que sólo los titanes podían darle la victoria, si eran aliados suyos, entonces, Zeus los liberó y ellos le presentaron tres armas el rayo, el trueno y el relámpago, con las cuales no tardó en destronar a Crono.
Sin embargo, Gea no se puso absolutamente del lado de Zeus. Descontenta por la derrota de los hecatonquiros, hijos suyos, se unió con el dios que personificaba los abismos del infierno y engendró con él un monstruo de prodigiosa fuerza, Tifón, que declaró la guerra a los dioses y les hizo frente durante largo tiempo. Con Tártaro tuvo otro vástago, también un monstruo Equidna, también un monstruo.
Otras teogonías le atribuyen la maternidad de Triptolemo, que habría concebido por obra de Océano. También pasaba por hijo suyo y del dios del mar Poseidón, el gigante Anteo, que fue adversario de Heracles. En términos generales, no hay monstruo que no haya sido considerado por algún mitógrafo como hijo de la tierra: Caribdris, las Arpías, Pitón, Dragón guardián del vellocino de oro en el país de Eetes, e incluso la Fama, el monstruo con el que pinta Virgilio a la voz pública.
Poco a poco la tierra, potencia y reserva inagotable de fecundidad, pasó a ser la madre de los dioses y la madre universal. A medida que el pensamiento helénico personificaba a sus dioses, la tierra iba encarnándose en divinidades tales como Démeter o Cibeles, cuyos mitos, más humanos, hablaban más a la imaginación, mientras las especulaciones sobre la tierra como elemento iban abandonando los dominios de la mitología para entrar en los de la filosofía.
Gea era considerada como inspiradora de numerosos oráculos, poseía los secretos de los destinos, y sus vaticinios eran más antiguos e incluso más seguros que los de Apolo.

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