Eros

Eros es el dios del amor. Su personalidad, muy variada, ha evolucionado grandemente desde la era arcaica hasta la época alejandrina y romana. En las teogonías más antiguas, Eros es considerado como un Dios nacido a la par que la tierra y salido directamente del caos primitivo, y, como tal, era adorado en Tespias, en forma de piedra bruta. Otra teogonía revela que Eros nace del huevo original, el huevo engendrado por la Noche cuyas dos mitades al separarse forman la Tierra y su cobertura el Cielo. Eros seguirá siendo siempre incluso en tiempos de los adornos alejandrinos de su leyenda una fuerza fundamental del mundo. Este asegura no sólo la continuidad de las especies, sino también la cohesión interna del Cosmos; sobre este tema, han especulado los autores de cosmogonías, los filósofos y los poetas. Contra la tendencia a considerarlo uno de los grandes dioses, se eleva la doctrina presentada en forma de mito por Platón en El banquete, doctrina que pone en boca de una sacerdotisa de Mantinea, Diotima que en tiempos dice había sido maestra de Sócrates. Según Diotima, Eros es un genio intermediario entre los dioses y los hombres. Ha nacido de la Unión de Poros (el Recurso) y Penía (la Pobreza) en el jardín de los dioses, al final de un gran banquete al que habían sido invitadas todas las divinidades. A su doble parentesco debe características muy significativas: como la Pobreza, sabe siempre ingeniarse un medio para conseguir lo que desea o necesita como Recurso. Pero, a su vez, ser un Dios omnipotente es una fuerza perpetuamente insatisfecha e inquieta.

Otros mitos le asignan otras genealogías orígenes. A veces, se lo considera hijo de Ilitía, de Iris, o de Hermes y Artemis Ctonia, o bien -y esta es la tradición más generalmente aceptada- hijo de Hermes y Afrodita. Pero, aún en este punto, las especulaciones de los mitógrafos han establecido distinciones. Del mismo modo que se distinguen varias Afroditas, se distinguen varios Amores: uno sería hijo de Hermes y Afrodita Urania; otro, llamado Anteros (el amor contrario o recíproco) habría nacido de Ares y Afrodita, hija de Zeus y Dione. Un tercer Eros sería hijo de Hermes y Artemis, hija de Zeus y Perséfone; este es más particularmente el Dios alado, familiar a los poetas y escultores. Cicerón, que al final de su tratado sobre la naturaleza de los dioses ha acumulado estas sutilezas de los mitógrafos, demuestra sin ningún esfuerzo el carácter artificioso de todos esos mitos, forjados tardíamente para resolver dificultades o contradicciones que encerraban las leyendas primitivas.

Poco a poco, bajo el influjo de los poetas, el Dios Eros ha ido adquiriendo su fisonomía tradicional. Se le representa como un niño, con frecuencia alado, pero muchas veces sin alas, que se divierte llevando el desasosiego a los corazones, o bien los inflama con su antorcha o los hiere con sus flechas. Sus intervenciones son innumerables, acomete a Heracles, a Apolo -que se había burlado de él por querer manejar el arco- al propio Zeus, incluso a su madre y, desde luego, a los humanos. Los poetas alejandrinos prefieren presentarlo jugando con niños divinos, especialmente Ganimedes, disputando con ellos o con su hermano anteros. Su madre particularmente lo trata con ciertas consideraciones y siempre le teme un poco.

Escribir sin errores de ortografía, sin morir en el intento.

Jugar al Juego Cósmico de la ortografía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *