Árboles de Valinor

Árboles de Valinor, llamados Telperion y Laurelin, fueron creados por la valar Yavanna, ayudada por las lágrimas de Nienna, en la colina de Ezellohar, frente a la Puerta Dorada de Valmar. La luz que irradiaban dio luz a las tierras de Valinor y se iniciaron así las Edades de los Árboles.​ Melkor huyó tiempo después de ser liberado de su encadenamiento y se encontró a la araña Ungoliant, con quien regresó en secreto a Valinor y dio muerte a los Dos Árboles.​ Con la última flor de Telperion y el último fruto de Laurelin, los valar crearon la Luna y el Sol.

En las versiones primitivas de la historia de los Dos Árboles, J. R. R. Tolkien comparó las flores del laburno y del cerezo con las de Laurelin y Telperion, respectivamente.

Las hojas de Laurelin son de color verde tierno, con bordes dorados, y su forma se asemeja a las de un haya recién brotadas. Sus flores amarillas, comparadas en El Silmarillion con cuernos y en relatos anteriores con las del laburno, producen una lluvia de luz dorada bajo el árbol y emiten luz y calor.​ En la historia original de los Dos Árboles que aparece en El libro de los cuentos perdidos, J. R. R. Tolkien destaca además la suavidad de su corteza y la gran belleza de su tronco con respecto a la forma.

Por otra parte, el haz de las hojas de Telperion es de color verde oscuro y su envés plateado.​ Sus flores, que producen un rocío de luz plateada, no son descritas en El Silmarillion, pero el autor menciona su color blanco y su forma similar a las del cerezo en versiones anteriores de la historia.​ La concepción original de los Dos Árboles en El libro de los cuentos perdidos aporta otros detalles de Telperion, como la descripción de su tronco, más proporcionado y esbelto, y de sus ramas, más gruesas, enmarañadas y densas, en ambos casos comparándolo con Laurelin. Además, añade el parecido de su corteza con la seda y la describe de color blanco «como perlas».

Cómputo del tiempo: Ambos árboles irradiaban luz de forma periódica en intervalos de siete horas, hecho que fue aprovechado por los valar para medir el tiempo. La primera hora que Telperion resplandeció, ya que él fue el primero en brotar y desarrollarse, fue conocida como «hora de apertura» y los valar no la incluyeron en el cómputo del tiempo, pero a partir de ella dieron inicio a las Edades de los Árboles. Mientras Telperion brillaba, Laurelin se mantenía «apagado» y, al menguar el primero, el segundo comenzaba a brillar, mezclándose ambas luces durante una hora. Los días durante las Edades de los Árboles tenían por tanto una duración de doce horas: en cinco de ellas brillaba Telperion y en otras cinco lo hacía Laurelin, en una intermedia menguaba el primero y el segundo crecía, y en la última hora del día se repetía este mismo proceso a la inversa.

Después de que Melkor fuera capturado y encadenado con Angainor por sus malas acciones, los valar se trasladaron al continente de Aman y allí construyeron el reino de Valinor. Yavanna consagró Ezellohar, una colina que se hallaba ante la Puerda Dorada de la ciudad de Valmar, y en ella se sentó durante un largo tiempo e interpretó un canto mágico sobre las cosas que crecen en la tierra. Además, Nienna regó la colina con sus lágrimas y, mientras el resto de valar observaban, en ella nacieron dos brotes que crecieron y florecieron hasta convertirse en grandes árboles. Las luces que irradiaban Telperion y Laurelin, que así fueron llamados, iluminaron las tierras de Valinor y dieron inicio a las Edades de los Árboles.

Finalizada la condena de Melkor, este fue liberado y anduvo libre por Valinor sembrando la discordia entre los elfos, que habían sido llevados allí por los valar poco después de su despertar. Una vez descubrieron que Melkor no se había arrepentido realmente, este huyó y se encontró con la araña Ungoliant en Avathar, al sur de Aman, donde juntos planearon vengarse de los valar. De esta forma, Melkor y Ungoliant llegaron en secreto a Valinor e hirieron de muerte a los Dos Árboles, y la araña absorbió la luz de ambos. Los valar y los elfos se encontraban en ese momento de fiesta en Taniquetil y no pudieron hacer nada ni antes ni después, sumidos en la oscuridad provocada por Ungoliant. Aprovechando esta situación, Melkor fue a Formenos, donde robó los Silmarils que Fëanor había construido y asesinó a Finwë, el Rey de los Noldor.

A partir de este momento se desencadenan los eventos que llevaron al exilio de los Noldor y al fin de las Edades de los Árboles: con la última flor de Telperion y el último fruto de Laurelin, Yavanna hizo la Luna y el Sol, con lo cual se iniciaron las Edades del Sol, y se produjo el despertar de los hombres en Hildórien.

En Gondolin había una representación de cada árbol: la de Telperion, construida con plata, malaquita y perlas de Balar, se levantaba en el quinto portal de la ciudad, mientras que la de Laurelin, hecha de topacio y oro, estaba emplazada en el sexto. Asimismo, en Hyarrostar, una de las seis regiones que formaban el reino de Númenor, crecía un árbol conocido como Laurinquë que poseía largos racimos de flores amarillas; los númenóreanos, debido a las historias que habían oído sobre Laurelin, creían de forma errónea que el Laurinquë provenía de sus semillas.


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